“La oración nos cambia el corazón y nos hace comprender mejor cómo es Dios” Papa Francisco

¿Por qué orar?

La oración es hablar con Dios; conversar con nuestro Padre del Cielo, con Jesús, con el Espíritu Santo; conversar con nuestra Madre la Virgen María, con el ángel custodio con los santos.

En este diálogo lo más natural es que digamos alabanzas, demos gracias, pidamos perdón o imploremos lo que necesitamos.

Para un cristiano orar es un deber. Si lo consideramos bien; ¡qué tal suerte la nuestra: poder hablar con Dios o con la Virgen, con la sencillez y confianza de un hijo con su papá, con su mamá! Porque esto son para nosotros; y sabemos que nos aman y que todo lo pueden.

Dios escucha siempre nuestras oraciones; lo dice la Biblia: “Me invocarán, y yo les escucharé” (Jer 29,12); “Pidan y recibirán” (Jn 16,24)

¿Dónde y cuándo orar?

Al momento de orar no debemos limitarnos por un lugar o momento; de hecho, deberíamos hacer de nuestra vida una oración, en todos los lugares y a todas horas.

No obstante, tomando en cuenta nuestras obligaciones diarias, hay lugares y momentos en que la oración es más, por así decirlo, profunda.

El templo es tal vez el mejor lugar, porque ahí está Dios, porque nos sentimos cómodos y además porque hay mucho silencio y poca distracción.

Pero también en nuestra casa, en la playa o en el campo, podemos encontrar el ambiente idóneo para conversar con el Padre Celestial.

Pero también podemos orar en el trabajo, en la escuela, el colegio, la universidad, cuando hacemos deporte o en cualquier momento.

Cualquier hora es buena, nada más procura tener la suficiente energía para concentrarte y no dormirte.