Lectio Divina: Abrahán

Gn 22, 1-19

Estudio de la palabra Abraham e Isaac

Después de haber recibido la promesa, Abrahán es llamado a sacrificar aquel anhelo que tanto le había hecho pasar (Gn 22, 2). Probablemente Abrahán no entendió por qué Dios solicita semejante cosa, sin embargo, el padre de la fe se levanta temprano y se dispone a cumplir la voluntad de Dios. Abrahán prepara todo y parte hacia el lugar donde debe realizar el sacrificio.

Son tres días en que Abrahán ha caminado llevando en su cabeza semejante sufrimiento, al cabo de ellos, levanta los ojos; no se mira a sí mismo, no se tiene compasión, mira hacia la voluntad de Dios (Gn 22, 4). Es un hombre libre, ha experimentado que lo más importante en este mundo es obedecer al Señor. La tradición de la iglesia en Jerusalén dice que, Abrahán, al abandonar el burro, abandona su voluntad para apoyarse en los designios de Dios.

Isaac pregunta: ¿Padre mío, dónde está el cordero para el holocausto? Su padre respondería con el corazón en la mano: Dios mismo proveerá el cordero para el holocausto (Gn 22, 8). No responde con frustración, no se queja ni tampoco desanima a su hijo; simplemente se apoya en Dios, Dios proveerá…

Reflexión

Muchas veces, el proceder de Dios no lo entendemos (Is 55, 9), nos parece que la vida nos juega injusticias, incluso nos sentimos solos… Sin embargo, conviene no olvidar que Dios proveerá (Gn 22, 8). Esos tres días son signo del tiempo en que Cristo estuvo en el sepulcro (1 Co 15, 4). También nosotros experimentamos tiempos en que nos parece no tener esperanzas (Lm 3, 18) y no encontramos respuestas. No obstante, Dios proveerá.

Hacer la voluntad de Dios produce paz en el corazón (Dt 11, 26-28). Todos en algún momento debemos abandonar nuestra voluntad, confiar en que Dios lleve nuestra vida (Lc 22, 42). Esto no significa despreocuparse de todo y esperar un milagro (2 Tes 3, 10), significa ocuparse en hacer la voluntad de Dios; como Abrahán que se levanta temprano, se prepara y levanta la mirada con esperanza, sin autocompadecerse ni quejarse. Es mejor sufrir un poco haciendo la voluntad de Dios, que sufrir por desobedecerle (Sal 83). Este último es un sufrimiento carente de esperanza, es un doble sufrimiento. Abrahán tuvo constancia en el sufrir (2 Tm 2, 11-13), y una vez más Dios proveyó.

Para meditar

¿Tenés constancia en medio del sufrimiento?

¿Qué significa para vos abandonar tu voluntad?

¿Has experimentado que Dios provee?

 

Padre Sergio

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