Lectio Divina: Abrahán

Gn 21, 1-7

Estudio de la Palabra: sara-abraham-bebe-med

Estos breves versículos narran el cumplimiento de la promesa hecha a Abrahán (Gn 12, 1): es el nacimiento de Isaac. Este hijo viene en la ancianidad de Abrahán, según el tiempo que Dios había fijado (Gn 21, 2). Queda pues comprobado que el poder de Dios supera toda imposibilidad, allí donde los hombres vemos un límite, Dios actúa. Sin embargo, actúa según el tiempo por Él pensado (Gn 18, 14). Claro, Abrahán ha tenido que aprender con paciencia a vivir según el tiempo de Dios, y esto siempre significa una renuncia al ritmo de vida personal. Con todo, ahora su obediencia a la voluntad de Dios tiene como fruto una alegría incomparable… Isaac, que significa sonrisa. Este niño es el testimonio viviente del amor de Dios hacia un hombre que vivía como un fracasado, que se sentía angustiado (Gn 21, 8).

Es precisamente en este niño-testimonio que Abrahán sella la Alianza pactada con Dios a través de la circuncisión (Gn 17, 10). Incluso Sara, quien con ironía descartaba la posibilidad de una descendencia, sobre todo al ver su propia condición de ancianidad (Gn 18, 12), exulta por la fidelidad de Dios; ella fue infiel a Dios, más el Señor mantuvo su palabra. Sara, pues, exclama: ¿Quién podría haber dicho a Abrahán que Sara le daría un hijo? (Gn 21, 6) Ella también sabía que era imposible…

Reflexión:

Dios es amor siempre, y el mismo poder que manifestó en la creación, es el mismo que manifestó en Abrahán y Sara, mismo que puede manifestar en nosotros, sin importar las dificultades. Hemos dicho en reflexiones anteriores que Abrahán y Sara no podían hacer absolutamente nada para obtener aquello que tanto deseaban, ellos reconocían su límite. Faltaba que reconocieran la ilimitación de Dios, pero ello viene dado a partir de la obediencia, de fiarse de Dios, de apoyarse en su palabra a pesar de las dificultades. También nosotros vivimos situaciones que nos llevan a bajar los brazos y darnos por vencidos. Nos rendimos.

Dios en cambio, premia la perseverancia (Mt 24, 13). Pero perseverar no quiere decir terquedad, sino apoyarse constantemente en la voluntad de Dios, a pesar de las adversidades y de nuestras pocas fuerzas. Todo es posible para el Señor (Lc 1, 37) y Él te dará lo que ansía tu corazón (Sal 37, 5). Allí donde no había la posibilidad de vida, donde no había capacidad de sonreír; el Señor hizo brotar la vida y la alegría (Sal 40, 2). También hoy quiere repetir esta hazaña en nuestra vida, pues constantemente atravesamos realidades difíciles en todo ámbito, que parecen robarnos poco a poco la alegría. ¡Confía en el Señor y espera en Él, que actuará! (Sal 40)

Para meditar

¿Recordás algún acontecimiento donde el Señor mantuvo tu alegría en medio de la adversidad?

¿Cuál es el deseo sincero de tu corazón? ¿Lo has presentado al Señor?

¿Estás en disposición de hacer la voluntad de Dios sea cual sea?

 

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