Lectio Divina: Abrahán

Génesis 18, 1-16

Estudio de la Palabraabrahan

Abrán, ahora llamado Abrahán (Gn 17, 5), recibe una visita justo en la hora más pesada, donde el sol se ciñe con fuerza sobre Mambré (Gn 18, 1). Cuando levanta sus ojos que escapaban del fuerte sol, se da cuenta que hay tres hombres junto a él, corre a su encuentro y se lanza a sus pies. Este gesto se justifica porque Abrahán comprende que es Dios mismo quien lo visita, por eso le suplica que no se vaya hasta que sea atendido y alimentado. En el desierto existe una consabida ley de acogida a quien se encuentra en camino, sea quien sea.

Abrahán preparó junto con su familia lo mejor que tenía para ofrecer y los tres Hombres comieron a la sombra del árbol, de la encina (Gn 18, 6-8). Los Hombres prometieron a Sara un hijo que nacería en aproximadamente un año, pero ella río con ironía porque sabía que eso era imposible debido a la ancianidad de ambos (Gn 18, 9-15). Aquellos Hombres partieron de allí.

Reflexión

La hora más meritoria para colocarse al servicio del hermano es aquella en que nuestras fuerzas parecen flaquear, cuando más nos cuesta mirar hacia adelante porque las circunstancias casi nos obligan a mirar sólo hacia nosotros mismos (Lc 6, 32), como si fuera el sol que nos obliga a vernos el ombligo para no encandilarnos con su luz (Mt 21, 28-32).

Cuando uno hace este ejercicio, deja de mirarse y de auto compadecerse; mira las necesidades del otro, descubre que tiene hermanos al lado y da lo mejor de sí para ellos (Lc 21, 1-4). Es en ese momento uno entiende que no se trata solamente de personas que existen al igual que yo, sino que es el mismo Dios (Mt 18, 5) quien a través de los hermanos quiere entrar en tu casa y permanecer con vos (Ap 3, 20).

Muchas veces es cansado, muchas veces duele dar lo mejor que tenemos (bienes materiales, tiempo, escucha, etc.), pero la recompensa por estar al servicio de Dios será siempre mayor a lo esperado (1 P 4, 8). Alguno probablemente sea como Sara y cree que esa recompensa, esa alegría (significado de Isaac, Gn 21, 6), no son posibles, que no vale la pena esforzarse, que la felicidad está en que yo me realice sin importar los demás. Esos tales ríen, pero su risa no es alegría sino frustración, incredulidad. A ellos también es necesario servirles, para que viendo nuestra verdadera alegría, puedan abandonarse en el Señor (EG n°194).

Para Meditar

¿Me estoy mirando siempre a mí mismo?

¿Cómo puedo ayudar al hermano que se encuentra a mi lado?

¿Creo sinceramente en la promesa de ser feliz dando lo mejor de mí a los demás?

 

Deja un comentario