Lectio Divina: José

JOSE-EL-SOÑADOR

 

Génesis capítulos 37 al 50

Estudio de la Palabra:

Quizá el resumen de toda la conocida historia de José pueda encontrarse en Gn 50, 15-21. En efecto, los hermanos de José se han dejado llevar por el odio (Gn 37, 5) hasta llegar a la envidia (Gn 37, 11). Es decir, pasaron de rechazar a José (odio) a entristecerse por sus alegrías y alegrarse por sus sufrimientos (envidia). En realidad, los hijos de Jacob se sentían amenazados por la figura de José, como si los dones que tenía respecto de los sueños fueran para ellos un peligro y no un servicio (Gn 37, 19).

Pero José sabía que solamente en Dios reside el poder de dar a cada cual lo que merece (Gn 50, 19) y de realizar justicia cuando no la hay (Gn 39, 19-21). Y esto lo aprehendió a través del sufrimiento y la persecución (Hb 5, 8). Una vez más queda patente la fidelidad de Dios para quien espera en él (Sal 37, 5), e incluso para aquellos que, habiendo causado un mal, se arrepienten de corazón (Gn 50, 18).

Para reflexionar:

El tema de la injusticia nos es siempre delicado de tratar. Tal vez por el simple hecho de creer que conocemos lo justo. Pero, quien conoce lo justo, está por encima de lo justo y se yergue en juez; de modo que la Escritura dice: Uno sólo es el legislador y juez… (St 4, 12). Permitir que Dios se encargue de toda justicia tiene su dificultad para nosotros (Is 33, 22), pues ello significa esperar a que Él actúe cuando hemos recibido una injusticia. Lo más desesperante puede ser ajustarse al tiempo en que Dios hace las cosas, así como José vio pasar años antes de comprender por qué Dios permitía semejantes injusticias en su vida, una tras otra.

Por otro lado, esperar en la justicia Divina es más que una pura resignación, pues el mismo Jesús nos insta a defender la verdad, sobre todo cuando dice: Si no he dicho mal ¿por qué me pegas? (Lc 18, 23). Más allá de un simple reclamo, es un llamado a la verdad; pero una verdad que no ofende, que no agrede, que no es violenta y que, finalmente, no se impone. Esta es la verdadera caridad, aquella que no tiene miedo a corregir con docilidad y firmeza, mas no busca la justicia por las propias manos, sino que se abandona en el Señor.

José ha comprendido que la justicia de Dios no se detiene en un mero castigo hacia el injusto, más bien, avanza hasta lograr el bien para cada uno de los implicados, tanto víctimas de la injusticia, como injustos. Pues Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 18, 21).

Para Meditar:

¿Siento odio o envidia por algún hermano?

¿Cómo asumo los dones que el Señor regala a mis semejantes?

¿Qué significa para mí perseverar en la voluntad de Dios hoy?

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